Yo acuso. La verdad en marcha
Yo acuso. La verdad en marcha Un consejo de guerra condena al capitán Dreyfus por delito de traición. A partir de ahí, este se convierte en un traidor; ya no es un hombre, sino una abstracción que encarna la idea de la patria degollada, entregada al enemigo vencedor. No sólo representa la traición presente y futura, sino también la traición pasada[1], y le endosan la vieja derrota, porque están obsesionados con la idea de que sólo la traición pudo hacer que nos vencieran.
Ya tenemos al hombre perverso, la figura abominable, la vergüenza del ejército, el malvado que vende a sus hermanos igual que Judas vendió a su Dios. Y como es judío, ¡qué sencillo!, los judíos —que son ricos y poderosos, y que además carecen de patria— se pondrán a trabajar soterradamente con sus millones para sacarlo del apuro, comprando conciencias, comprometiendo a Francia en un execrable complot, para obtener la rehabilitación del culpable y sustituirlo por un inocente. […]
Entonces se crea una cofradía. […]
Analicemos esta cofradía.