Yo acuso. La verdad en marcha
Yo acuso. La verdad en marcha Es cierto, a eso ha llegado la gran masa, sobre todo la masa de los pequeños y los humildes, la población de las ciudades, casi todas las provincias y el campo, la mayorÃa —digna de consideración— de quienes dan por buena la opinión de los periódicos o de los vecinos, que carecen de medios para documentarse o reflexionar. ¿Qué ha ocurrido, pues? ¿Cómo tu pueblo, Francia, ese pueblo de buen corazón y sentido común ha podido llegar a ese miedo atroz, a esa intolerancia tenebrosa? ¡Le cuentan que un hombre quizás inocente sufre la peor de las torturas y que hay pruebas materiales y morales de que se impone la revisión del caso, y tu pueblo se niega violentamente a que se haga la luz, toma partido por los sectarios y los bandidos, por gente interesada en mantener el cadáver bajo tierra, ese pueblo que, ayer aún, hubiera vuelto a destruir la Bastilla para liberar a un preso!
¡Qué angustia y qué tristeza, Francia, hay en el alma de los que te quieren, de los que desean tu honor y tu grandeza! Con aflicción contemplo esta mar turbia y encrespada de tu pueblo, me pregunto cuáles son las causas de la tempestad que amenaza con llevarse lo mejor de tu gloria. La situación reviste una gravedad mortal, veo sÃntomas que me inquietan. Pero me atreveré a decirlo todo, pues un solo anhelo tuve en mi vida, la verdad, y no hago ahora más que continuar mi obra.