Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio la vida a entrambos a dos.
DON JUAN.—¿Y en él no has reconocido
marca ni señal alguna
que nos oriente?
CIUTTI.—Ninguna;
mas a veros decidido
viene.
DON JUAN.—¿Trae gente?
CIUTTI.—No más
que los remeros del bote.
DON JUAN.—Que entre.
DON JUAN. Luego CIUTTI y DON LUIS, embozado.
DON JUAN.—¡Jugamos a escote
la vida…! Mas, si es quizás
un traidor que hasta mi quinta
me viene siguiendo el paso…
hálleme, pues, por si acaso,
con las armas en la cinta.
(Se ciñe la espada y suspende al cinto un par de pistolas, que habrá colocado sobre la mesa a su salida en la escena tercera. Al momento sale CIUTTI conduciendo a DON LUIS, que, embozado hasta los ojos, espera a que se queden solos. DON JUAN hace a CIUTTI una seña para que se retire. Lo hace.)
DON JUAN y DON LUIS.
