Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio mas veremos quién asoma
mientras en la mesa estamos.
(A CIUTTI, que se manifiesta asombrado.) ¿Y qué haces tú ahÃ, bergante?
¡Listo! Trae otro manjar;
(Vase CIUTTI.)
mas me ocurre en este instante
que nos podemos mofar
de los de afuera, invitándoles
a probar su sutileza,
entrándose hasta esta pieza
y sus puertas no franqueándoles.
AVELLANEDA.—Bien dicho.
CENTELLAS.—Idea brillante.
(Llaman fuerte, fondo derecha.)
DON JUAN.—¡Señores! ¿A qué llamar?
Los muertos se han de filtrar
por la pared; adelante.
(La ESTATUA de don Gonzalo pasa por la puerta, sin abrirla y sin hacer ruido.)
DON JUAN, CENTELLAS, AVELLANEDA y la ESTATUA de don Gonzalo.
CENTELLAS.—¡Jesús!
AVELLANEDA.—¡Dios mÃo!
DON JUAN.—¡Qué es esto!
AVELLANEDA.—Yo desfallezco. (Cae desvanecido.)
