Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio un plazo hasta el nuevo dÃa
para ordenar tu conciencia.
Y su justicia infinita
por que conozcas mejor,
espero de tu valor
que me pagues la visita.
¿Irás, don Juan?
DON JUAN.—Iré, sÃ;
mas me quiero convencer
de lo vago de tu ser
antes que salgas de aquÃ. (Coge una pistola.)
ESTATUA.—Tu necio orgullo delira,
don Juan; los hierros más gruesos
y los muros más espesos
se abren a mi paso; mira.
(Desaparece la ESTATUA sumiéndose por la pared.)
DON JUAN, AVELLANEDA y CENTELLAS.
DON JUAN.—¡Cielos! ¡Su esencia se trueca
el muro hasta penetrar
cual mancha de agua que seca
el ardor canicular!
¿No me dijo: «El mármol toca
de mi estatua»? ¿Cómo, pues,
se desvanece una roca?
¡Imposible! Ilusión es.
Acaso su antiguo dueño
mis cubas envenenó,
