Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio DON GONZALO.—Cúbrome, pues, y me siento.
(Se sienta a una mesa a la derecha, y se pone el antifaz.)
BUTTARELLI.—(Aparte.)
Curioso el viejo me tiene
del misterio con que viene…
y no me quedo contento
hasta saber quién es él.
(Limpia y trajina, mirándole de reojo.)
DON GONZALO.—(Aparte.)
¡Que un hombre como yo tenga
que esperar aquí, y se avenga
con semejante papel!
En fin, me importa el sosiego
de mi casa, y la ventura
de una hija sencilla y pura,
y no es para echarlo a juego.
DON GONZALO, BUTTARELLI y DON DIEGO, a la puerta del fondo.
DON DIEGO.—La seña está terminante,
aquí es; bien me han informado;
llego pues.
BUTTARELLI.—¿Otro embozado?
DON DIEGO.—¿Ah de esta casa?
BUTTARELLI.—Adelante.
DON DIEGO.—¿La Hostería del Laurel?
BUTTARELLI.—En ella estáis, caballero.
