Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio con la llave que os he enviado;
de un claustro obscuro y estrecho
es, seguid bien derecho,
y daréis con poco afán
en nuestra celda.
DON JUAN.—Y si acierto
a robar tan gran tesoro,
te he de hacer pesar en oro.
BRÍGIDA.—Por mí no queda, don Juan.
DON JUAN.—Ve y aguárdame.
BRÍGIDA.—Voy, pues,
a entrar por la portería,
y a cegar a sor María
la tornera. Hasta después.
(Vase BRÍGIDA, y un poco antes de concluir esta escena, sale CIUTTI, que se para en el fondo esperando.)
DON JUAN y CIUTTI.
DON JUAN.—¡Pues señor, soberbio envite!
Muchas hice hasta esta hora,
mas, por Dios, que la de ahora
será tal que me acredite.
Mas ya veo que me espera
Ciutti. ¡Lebrel!
(Llamándole.)
CIUTTI.—Aquí estoy.
DON JUAN.—¿Y don Luis?
CIUTTI.—Libre por hoy
