Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio porque el eco de su nombre
tal vez llega adonde está.
DOÑA INÉS.—¡Cielos! ¿Y podrá…?
BRÍGIDA.—¡Quién sabe!
DOÑA INÉS.—¿Es un espíritu, pues?
BRÍGIDA.—No; mas si tiene una llave…
DOÑA INÉS.—¡Dios!
BRÍGIDA.—Silencio, doña Inés;
¿no oís pasos?
DOÑA INÉS.—¡Ay! Ahora
nada oigo.
BRÍGIDA.—Las nueve dan,
suben… se acercan… señora…
Ya está aquí.
DOÑA INÉS.—¿Quién?
BRÍGIDA.—Él.
DOÑA INÉS.—¡Don Juan!
DOÑA INÉS, DON JUAN y BRÍGIDA.
DOÑA INÉS.—¿Qué es esto? ¿Sueño… deliro?
DON JUAN.—¡Inés de mi corazón!
DOÑA INÉS.—¿Es realidad lo que miro,
o es una fascinación…?
Tenedme, apenas respiro…
Sombra… ¡huye por compasión!
¡Ay de mí…!
