Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio (Desmáyase DOÑA INÉS, y DON JUAN la sostiene. La carta de DON JUAN queda en el suelo abandonada por DOÑA INÉS al desmayarse.)
BRÍGIDA.—La ha fascinado
vuestra repentina entrada,
y el pavor la ha trastornado.
DON JUAN.—Mejor, así nos ha ahorrado
la mitad de la jornada.
¡Ea! No desperdiciemos
el tiempo aquí en contemplarla,
si perdernos no queremos.
En los brazos a tomarla
voy, y cuanto antes, ganemos
ese claustro solitario.
BRÍGIDA.—¡Oh! ¿Vais a sacarla así?
DON JUAN.—¿Necia, piensas que rompí
la clausura temerario,
para dejármela aquí?
Mi gente abajo me espera;
sígueme.
BRÍGIDA.—¡Sin alma estoy!
¡Ay! Este hombre es una fiera;
nada le ataja ni altera…
Sí, sí; a su sombra me voy.
La ABADESA, sola.
ABADESA.—Jurara que había oído
por estos claustros andar;
