Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio TORNERA.—El señor
don Gonzalo Ulloa.
ABADESA.—¿Qué
puede querer…? Ábrale,
hermana, es Comendador
de la Orden, y derecho
tiene en el claustro de entrada.
La ABADESA y DON GONZALO, después.
ABADESA.—¿A una hora tan avanzada
venir así…? No sospecho
qué pueda ser… mas me place,
pues no hallando a su hija aquí,
la reprenderá, y así
mirará otra vez lo que hace.
La ABADESA, DON GONZALO y la TORNERA, a la puerta.
DON GONZALO.—Perdonad, madre Abadesa,
que en hora tal os moleste;
mas para mí, asunto es éste
que honra y vida me interesa.
ABADESA.—¡Jesús!
DON GONZALO.—Oíd.
ABADESA.—Hablad, pues.
DON GONZALO.—Yo guardé hasta hoy un tesoro
de más quilates que el oro,
y ese tesoro es mi Inés.
