Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Las habladurÃas literarias no son peculiares de tiempo alguno determinado, sino de todos los tiempos; también en el siglo XVI, aunque las gentes intelectuales estaban dispersas por todos los paÃses de un modo muy tenue y aparentemente desligado, no quedaba nada secreto en este cÃrculo eternamente curioso y estrecho. Antes aún de que Erasmo haya empuñado la pluma, antes aún de que sepa con certeza cuándo y cómo habrá de presentar combate, sábese ya en Wittenberg lo que se planea en Basilea. Hace ya mucho tiempo que Lutero cuenta con el ataque: «La verdad es más poderosa que la elocuencia —escrÃbele a un amigo, ya en 1522—; la fe, más grande que la sabidurÃa. No desafiaré a Erasmo, ni tampoco pienso devolver en seguida los golpes en el caso de que me ataque. No obstante, no me parece aconsejable que dirija contra mà las fuerzas de su elocuencia…, pero, si se atreviera, tendrÃa que experimentar en sà mismo que Cristo no siente temor ni ante las puertas del infierno ni ante las potencias del aire. Me opondré al célebre Erasmo y en nada cederé, ni por su fama, ni por su nombre, ni por su posición».
