Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Insuperable símbolo de este genio sobrenacional que pertenece al mundo entero: Erasmo no tiene patria, no tiene hogar paterno, hasta cierto punto ha nacido en un espacio sin aire. El nombre de Erasmus Roterodamus, que muestra ante la gloria universal, no es heredero de padres y antepasados, sino nombre de adopción; la lengua que habla durante toda su vida no es la de su tierra holandesa, sino el latín, artificialmente aprendido. Las circunstancias y el día de su nacimiento están envueltos en notable oscuridad; apenas se sabe algo más que el año en que ve la luz: 1466. De este ensombrecimiento no estaba, en modo alguno, limpio de culpas Erasmo, pues no le gustaba hablar de su procedencia por ser hijo ilegítimo y, más enojoso aún, por ser hijo de clérigo «ex illicito, et ut timet incesto damnatoque coitu genitus» (lo que Charles Reade refiere románticamente sobre la niñez de Erasmo en su célebre novela The cloister and the heart es, naturalmente, cosa inventada). Los padres mueren pronto y es comprensible que los parientes muestren la mayor prisa para, en cuanto sea posible, mantener al bastardo lejos de ellos y sin que les cueste dinero; por fortuna, la Iglesia está siempre dispuesta a atraer a su seno a un mozo bien dotado. A los nueve años, el pequeño Desiderio (en realidad indeseado), es enviado a la escuela capitular de Deventer, después a Herzogenbusch; en 1487 ingresa en el convento de agustinos de Steyn, no tanto por vocación religiosa como porque se encuentra allí la mejor biblioteca clásica del país; pronuncia sus votos en el año de 1488. Pero por parte alguna está probado que en estos años conventuales haya luchado, con alma ardiente, por la palma de la piedad; sábese más bien, por sus cartas, que se ocupaba principalmente de Bellas Artes, que la literatura latina y la pintura eran su capital ocupación. En todo caso, fue ordenado sacerdote, por mano del obispo de Utrecht, en el año 1492.
