Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Aquel nombre no me decía nada. Y no le presté más atención, porque a saber cuántos nombres de agitadores y golpistas, hoy ya completamente olvidados, aparecían en la desbaratada Alemania de entonces para volver a desaparecer con la misma rapidez: por ejemplo, el del capitán Ehrhardt, con sus tropas del Báltico; el de Wolfgang Kapp, el de los asesinos del tribunal de la Santa Vehma; los de los comunistas bávaros, de los separatistas renanos, de los líderes de los cuerpos de voluntarios. Centenares de pequeñas burbujas como ésas se mezclaban en la efervescencia general y, cuando estallaban, desprendían un hedor que delataba claramente el proceso de putrefacción oculto en la herida todavía abierta de Alemania. También me cayó una vez en las manos aquel periodicucho del nuevo movimiento nacionalsocialista, el Miesbacher Anzeiger (del que más tarde nacería el Völkische Beobachter). Pero Miesbach sólo era un villorrio y el periódico, una cosa vulgar y ordinaria. ¿A quién le importaba?