Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Resulta difícil desprenderse en pocas semanas de treinta o cuarenta años de fe profunda en el mundo. Anclados en nuestras ideas del derecho, creíamos en la existencia de una conciencia alemana, europea, mundial, y estábamos convencidos de que la inhumanidad tenía una medida que acabaría de una vez para siempre ante la presencia de la humanidad. Puesto que intento ser tan sincero como puedo, tengo que confesar que en 1933 y todavía en 1934 nadie creía que fuera posible una centésima, ni una milésima parte de lo que sobrevendría al cabo de pocas semanas. De todos modos, teníamos claro de antemano que los escritores libres e independientes íbamos a contar con ciertas dificultades, contrariedades y hostilidades. Justo después del incendio del Reichstag dije a mi editor que pronto se acabarían mis libros en Alemania. No olvidaré su estupefacción.
―¿Quién habría de prohibir sus libros? ―dijo entonces, en 1933, todavía muy asombrado―. Usted no ha escrito ni una sola palabra contra Alemania ni se ha metido en política.