Miedo
Miedo —¡Por fin la he pillado! —gritó con voz estridente, sin importarle el escándalo que pudiese provocar—. Una mujer respetable… ¡claro que sÃ! ¡Al menos es lo que dicen todos! Como no tiene suficiente con su marido, su dinero y todo lo que posee, viene a quitarle el novio a una pobre chica como yo…
—¡Por el amor de Dios…! ¿Pero qué dice…? Creo que se confunde usted… —tartamudeó doña Irene.
Como si fuera una niña trató de escapar escurriéndose por un lado de la puerta, pero aquella mujer habÃa plantado su enorme cuerpo justo en medio y respondió reprochándole con voz chillona:
—No, no me confundo… La conozco muy bien… Viene de casa de Eduard, mi novio… ¡Por fin la he pillado! Ahora sé por qué tiene tan poco tiempo para mà últimamente… Es por usted… ¡Por una vulgar…!
—¡Por el amor de Dios —la interrumpió doña Irene con un hilo de voz que amenazaba con quebrarse en cualquier momento—, no grite tanto!
