Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad No hay mayor felicidad en el destino de un hombre que la de, en mitad de la vida, en la edad adulta, en la edad creadora, haber descubierto su misión. Núñez de Balboa sabe lo que se juega. Una muerte miserable en el patíbulo o la inmortalidad. Antes de nada tiene que sobornar a la Corona para comprar su libertad; después, legitimar y legalizar su crimen, la usurpación del poder. Por eso ahora, el rebelde de ayer, como el más solícito de los súbditos, del regalo en dinero que le ha hecho Comagre envía al tesorero real en La Española, Pasamonte, no sólo la quinta parte que por ley corresponde a la Corona, sino que, más experimentado en las prácticas mundanas que el descarnado leguleyo Enciso, añade al envío oficial un generoso donativo privado para el tesorero, con el ruego de que le ratifique en su puesto de capitán general de la colonia. El tesorero Pasamonte no tiene sin embargo competencia para hacerlo, aunque por la buena suma de oro recibida remite a Núñez de Balboa un documento provisional, en realidad sin valor. Pero al mismo tiempo, Balboa, que quiere asegurarse del todo, envía a España a dos de sus hombres de más confianza, para que hablen en la corte de sus servicios a la Corona y difundan la importante noticia que ha sonsacado al cacique. Sólo necesita, manda decir en Sevilla Vasco Núñez de Balboa, una tropa de mil hombres. Con ella se compromete a hacer por Castilla lo que ningún español ha hecho antes que él. Se compromete a descubrir el nuevo mar y a alcanzar al fin el imaginario país del oro que Colón prometiera en vano y que él, Balboa, conquistará.
