Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Más ciudadano ya de la eterna república del espíritu que de la de Roma, a la que la dictadura de César ha castrado, su vida ahora parece la de un filósofo. El maestro de la justicia terrena ha aprendido por fin el amargo secreto del que al fin y al cabo acaba enterándose todo aquel que se dedica a la actividad pública. Que a la larga no se puede defender la libertad de las masas, sino únicamente la propia, la libertad interior.
Así, Marco Tulio Cicerón, ciudadano del mundo, humanista, filósofo, pasa un verano colmado de bienes, un otoño creativo, un invierno italiano, alejado —él cree que para siempre— de los mecanismos del poder temporal, político. Apenas presta atención a las noticias y cartas que diariamente llegan de Roma, indiferente a un juego que ya no requiere su participación. Ciudadano sólo de la república invisible de las ideas y no de aquella otra, corrompida y forzada, que sin oponer resistencia se ha sometido al terror, parece curado por completo del ansia de notoriedad de los literatos. Cuando de pronto, un mediodía del mes de marzo, un emisario irrumpe en su casa, cubierto de polvo, con los pulmones machacados. Pero aún le quedan fuerzas para comunicar la noticia. Julio César, el dictador, ha sido asesinado ante el foro de Roma. Después, cae al suelo.