Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero a la larga, la energía innata de una obra no se puede ocultar ni desoír. Una obra de arte puede olvidarse con el tiempo, puede ser prohibida y rechazada, pero lo esencial acaba siempre por arrebatar la victoria a lo efímero. Durante un mes o dos no se vuelve a saber nada del canto del ejército del Rin. Los ejemplares impresos o manuscritos caen en manos indiferentes. Pero basta que una obra entusiasme de verdad a un solo hombre, pues todo entusiasmo auténtico es de por sí creador. En el otro extremo de Francia, en Marsella, el Club de los Amigos de la Constitución ofrece un banquete el 22 de junio para los voluntarios que parten al frente. En la larga mesa se sientan enardecidos quinientos jóvenes con su uniforme nuevo de la Guardia Nacional. En ese círculo vibra exactamente el mismo ánimo que el 25 de abril en Estrasburgo, aunque aún más ferviente, más impetuoso y más apasionado, gracias al temperamento sureño de los marselleses, no tan vanidosamente seguros de la victoria como en los primeros momentos de la declaración de guerra. Pues, a diferencia de lo que fanfarroneaban aquellos generales, las tropas revolucionarias francesas no marcharon en seguida sobre el Rin, ni fueron recibidas en todas partes con los brazos abiertos. Al contrario, el enemigo ha penetrado profundamente en suelo francés. La libertad está amenazada. Y la causa de la libertad, en peligro.