Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad En medio de la confusión general, Cicerón se revela como el único capaz de mostrar determinación. En otras ocasiones vacilante y temeroso, como todo hombre de espíritu y nervio, él mismo se pone, sin titubear, tras ese crimen en el que no ha participado. Erguido, pisa las baldosas aún mojadas con la sangre de César y ante el senado reunido ensalza la supresión del dictador como un triunfo de la idea republicana. «¡Ah, pueblo mío, una vez más has recuperado la libertad!», exclama. «Vosotros, Bruto y Casio, vosotros habéis llevado a cabo la acción más grande, no sólo de Roma, sino del mundo entero.» Pero al mismo tiempo exige que a ese acto en sí criminal se le dé un sentido más elevado. Los conjurados deben tomar enérgicamente el poder, desierto tras la muerte de César, y utilizarlo para sin demora salvar la república, para restablecer la vieja constitución romana. Antonio debe encargarse del consulado. Y a Bruto y Casio hay que transmitirles el poder ejecutivo. Por vez primera, y para imponer para siempre la dictadura de la libertad, este hombre de leyes tiene que infringir, por un breve instante en la historia universal, la rígida ley.