Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Desde las once hasta la una, los regimientos franceses atacan las cumbres, toman pueblos y posiciones, son perseguidos y de nuevo vuelven al asalto. Cientos de miles de muertos cubren ya las fangosas y húmedas colinas de aquella tierra desierta y, sin embargo, aún no se ha conseguido nada más que el agotamiento de unos y otros. Ambos ejércitos están rendidos. Ambos generales en jefe, inquietos. Los dos saben que la victoria será para el que antes reciba refuerzos. Wellington, de Blücher. Napoleón, de Grouchy. Una y otra vez, Napoleón, nervioso, echa mano del telescopio. Una y otra vez envÃa asistentes. Si el mariscal llega a tiempo, el sol de Austerlitz volverá a brillar sobre Francia.
Entre tanto Grouchy, que sin saberlo tiene en sus manos el destino de Napoleón, siguiendo las órdenes se pone en marcha la noche del 17 de junio y persigue a los prusianos en la dirección marcada de antemano. La lluvia ha cesado. Sin temor, los jóvenes soldados, que ayer probaron por última vez el sabor de la pólvora, avanzan lentamente por el paÃs en paz. El enemigo sigue sin mostrarse. Y ellos, sin encontrar una sola huella del vencido ejército prusiano.
