Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Así, como dice Zelter, la curación vino «del dardo que le había herido». Goethe se salva —puede decirse— por medio de ese poema. Al fin ha superado la angustia, ha vencido la última y trágica esperanza. El sueño de una vida de casado con la amada «hijita» ha concluido. Sabe que nunca más irá a Marienbad, ni a Karlsbad, nunca más al desenfadado y lúdico mundo de los despreocupados. De ahora en adelante, su vida pertenece por entero al trabajo. Puesto a prueba, ha renunciado a que su destino recomience, con lo que otro gran empeño dirige su vida: rematar su obra. Con gravedad dirige de nuevo la mirada hacia su obra, que abarca sesenta años. La ve fragmentada, dispersa, y, ya que no puede seguir construyendo, decide al menos recopilarla. Ultima el contrato para publicar sus obras completas. Obtiene los derechos. De nuevo, su amor, que acaba de extraviarse en pos de una joven de diecinueve años, corteja a los dos compañeros más antiguos de su juventud. El Wilhelm Meister y el Fausto. Con energía, se consagra a su obra. En hojas amarillentas reanuda el proyecto del siglo pasado. Antes de cumplir los ochenta, acaba los Años de peregrinaje de Wilhelm Meister. Y a los ochenta y uno, aborda con heroico ánimo el «negocio principal» de su vida, el Fausto, que finaliza siete años después de aquellos trágicos y fatales días de la Elegía y que con la misma piadosa devoción guarda frente al mundo bajo el sello del secreto.