Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Nada me parece más natural que añadir a ese fragmento escrito el final vivido de la tragedia. Eso y nada más que eso, con la mayor fidelidad posible y un gran respeto por los hechos y por los documentos, es lo que me he propuesto hacer aquí. Me considero libre de la temeridad de con ello tratar de completar de propia mano la confesión de Lev Tolstói, pretendiendo además que tuviera el mismo valor. No me inmiscuyo en la obra, simplemente quiero servirla. Lo que intento aquí no debería servir por tanto como retoque, sino como un epílogo independiente a una obra incompleta y a un conflicto sin solución, destinado únicamente a prestar a esa tragedia inconclusa los últimos y solemnes acentos. Con ello, se habría cumplido el propósito de este epílogo y de mi reverente esfuerzo. Para una posible representación, debo señalar que desde el punto de vista temporal este epílogo recrea hechos ocurridos dieciséis años después de Y la luz brilla en las tinieblas, y que es necesario que eso se trasluzca en la figura de Lev Tolstói. Los hermosos retratos de sus últimos años pueden servir de modelo, especialmente el que le muestra junto a su hermana en el monasterio de Schamardino y la fotografía tomada en su lecho de muerte. También su cuarto de trabajo deberá reproducirse respetuosamente desde el punto de vista histórico en toda su conmovedora sencillez. En el plano puramente escénico, desearía agregar este epílogo —que llama a Tolstói por su nombre, sin ocultarlo tras la figura del doble Sarynzev— al cuarto acto del fragmento Y la luz brilla en las tinieblas tras una gran pausa. No es mi intención representarlo de manera independiente.