Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Scott: un capitán cualquiera de la marina inglesa. Uno cualquiera. Su biografía corre paralela al escalafón, habiendo servido a entera satisfacción de sus superiores y participando después en la expedición de Shackleton. En su conducta, nada revela al héroe. Su rostro, tal y como lo muestran las fotografías, es el de miles de ingleses, el de cien mil. Frío, enérgico, sin que se le mueva un solo músculo, como congelado por una honda energía. Los ojos, de un gris metálico. La boca, rígidamente cerrada. En ese rostro marcado por la voluntad y el sentido práctico no hay una sola línea romántica, ni un asomo de buen humor. En cuanto a su letra, es la de cualquier inglés, sin sombras ni filigranas, rápida y segura. Su estilo, claro y correcto, emocionante al consignar los hechos, pero sin imaginación, como el de un informe. Scott escribe en inglés como Tácito en latín, por así decir, con toscos sillares de piedra. Se aprecia en él a un hombre que no tiene un solo sueño, un fanático de la objetividad, un auténtico representante, por tanto, de la raza inglesa, en la que la genialidad cristaliza en el cumplimiento del deber. Ese Scott ha aparecido ya cientos de veces en la historia inglesa, conquistando la India e islas anónimas en el archipiélago, colonizando África y venciendo batallas contra el mundo entero, siempre con la misma energía férrea, la misma conciencia colectiva y el mismo rostro frío, contenido.