Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad El mismo Octavio, al que Cicerón ha ensalzado como el defensor de la república, el mismo Lépido, para el que solicitara al pueblo de Roma una estatua por sus servicios, porque los dos se habían retirado para eliminar a Antonio, el usurpador, ambos prefieren negociar en privado. Como ninguno de los cabecillas, ni Octavio, ni Antonio, ni Lépido, es lo suficientemente fuerte para apoderarse por sí mismo del imperio romano como si se tratara de un botín personal, los tres enemigos jurados están de acuerdo en que es mejor repartirse la herencia de César en privado y entre ellos. En lugar del gran César, Roma tiene de la noche a la mañana tres pequeños césares.