Momentos Estelares De La Humanidad

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APAREJAN UN BARCO

1493. En su viaje de regreso desde la América recién descubierta, Colón muestra durante su entrada triunfal por las atestadas calles de Sevilla y Barcelona infinidad de objetos de lujo y curiosidades. Hombres de piel roja, de una raza desconocida hasta entonces; animales nunca vistos; papagayos multicolores, que gritan; los torpes tapires; plantas y frutas raras, que pronto encontrarían su patria en Europa: el grano de la India, el tabaco y la nuez de coco. Todo ello es admirado por una multitud curiosa que grita de júbilo, pero lo que más emoción causa a la pareja real y a sus consejeros es un par de cajitas y unos cestillos con oro. No es mucho el oro que Colón trae de las Nuevas Indias, un par de objetos de adorno que ha intercambiado o arrebatado a los indígenas; un par de pequeñas barras y algunos puñados de pepitas sueltas. Polvo de oro, más que oro. Todo el botín serviría a lo sumo para acuñar unos doscientos ducados. Pero el genial Colón, que, fanático, siempre ha creído en aquello que él quería creer y que, con su navegación a la India, ha demostrado que estaba en lo cierto, fanfarronea con sincero entusiasmo diciendo que se trata sólo de una insignificante primera muestra. Ha recibido noticias de buena fuente según las cuales en esas nuevas islas hay enormes minas de oro. Allí, el preciado metal se encuentra a poca profundidad, bajo una delgada capa de tierra. Con una pala normal y corriente se podría extraer sin dificultad. Pero más al sur hay regiones en las que los reyes beben en recipientes de oro y en los que ese metal vale menos que el plomo en España. Extasiado, el rey, siempre necesitado de dinero, oye hablar de ese nuevo Ofir que le pertenece. Aún no se conoce lo suficiente la noble locura de Colón como para dudar de sus promesas. En seguida aparejan una gran flota para el segundo viaje. Y ya no hacen falta reclutadores ni tamborileros para enrolar una tripulación. La noticia sobre el recién descubierto Ofir, donde el oro se puede recoger simplemente con la mano, hace enloquecer a toda España. A cientos, a miles acuden las gentes para partir hacia El Dorado, hacia el país del oro.


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