Novela de ajedrez
Novela de ajedrez —Pero, ¿cómo no habÃa de obnubilar gloria tan repentina a una cabeza tan huera? —concluyó mi amigo, que acababa de contarme algunas anécdotas clásicas de la suficiencia pueril de Czentovic—. ¿Cómo no iban a apoderarse los delirios de grandeza de un campesino del Banato si de pronto, a los veintiún años, con sólo mover unas figuritas sobre un tablero de madera, ganaba más en una semana que su pueblo entero en todo un año de talar bosques y realizar las faenas más duras? Y además, ¿no es acaso lo más fácil del mundo considerarse un gran hombre cuando no se tiene ni la menor idea de que hayan existido alguna vez un Rembrandt, un Beethoven, un Dante, un Napoleón? En el estrecho recinto de su cerebro lo único que cuenta es que, desde hace meses, no ha perdido una sola partida, y como ni sospecha que puedan existir en este mundo otros valores que no sean el ajedrez y el dinero, no le faltan razones para sentirse pagado de sà mismo.