Tres maestros
Tres maestros Oh, no creáis en la unidad del hombre.
DOSTOIEVSKI
Volcánico él mismo, volcánicos tenían que ser sus héroes, pues en último término cada hombre da testimonio sólo del dios que lo creó. No aceptan pacíficamente su lugar en nuestro mundo, por doquier descienden con su sensibilidad hasta los problemas prístinos. El hombre nervioso de hoy que llevan dentro está emparejado con el ser del principio, que nada sabe de la vida fuera de su pasión y, junto con los últimos conocimientos, balbucea las primeras preguntas del mundo. Sus moldes todavía no se han enfriado, sus rocas no se han estratificado ni se han pulido sus fisonomías. Son eternamente incompletos y, por tanto, están doblemente vivos. Pues el hombre perfecto es a la vez el hombre acabado y en Dostoievski todo tiende hacia lo infinito. Los hombres le parecen héroes y dignos de ser moldeados artísticamente sólo en tanto que se desavienen con ellos mismos, en tanto que son naturalezas problemáticas: como hace el árbol con los frutos, Dostoievski sacude los personajes acabados, maduros. Ama a sus personajes sólo mientras sufren, mientras poseen la forma sublimada y discrepante de su propio destino, mientras son un caos que quiere convertirse en Destino.
