Tres maestros
Tres maestros ¿Qué puede ser para mí
más fantástico que la realidad?
DOSTOIEVSKI
El hombre de Dostoievski busca la verdad, la realidad inmediata de su ser limitado: la verdad, la esencia inmediata del Todo del propio artista Dostoievski. Él es realista y es tan consecuente —siempre llega hasta el límite más extremo, donde las formas se parecen misteriosamente a su contrario: su réplica—, que esta realidad parece fantasía a la mirada cotidiana, acostumbrada al término medio. «Amo el realismo hasta donde linda con lo fantástico», nos dice él mismo, «pues ¿qué puede ser para mí más fantástico e inesperado, y hasta más inverosímil, que la realidad?» La verdad —y esto en ningún otro autor se revela de manera tan concluyente como en Dostoievski— no se halla tras la verosimilitud, sino en cierto modo frente a ella. Va más allá de la agudeza visual de la mirada común, psicológicamente desarmada: así como en la gota de agua a simple vista se ve una unidad clara y resplandeciente, pero el microscopio descubre en ella una variedad pululante, un caos de miríadas de infusorios, un mundo en el que el ojo sólo descubre una forma única, así también el artista descubre con su mayor realismo verdades que parecen absurdas frente a lo evidente.
