tapa de

Fidel Prado

Kik, el entrometido


Idioma: Espa√Īol | Vistas:70

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S√≠n disputa alguna, aquel forastero que tomaba el sol pl√°cidamente a la puerta del llamado Hotel Cimarr√≥n era el ser m√°s estrafalario que los habitantes de B√ļffalo, el peque√Īo pueblo situado en la cuenca que encerraba los r√≠os Cimarr√≥n y Beaver Creeck, hab√≠an contemplado en toda su vida. Largo como un abeto, delgado en demas√≠a, de rostro a tono con su estatura, se destacaba m√°s de una cuarta sobre el m√°s alto de los vecinos del poblado. Recostado sobre los soportes del sombrajo que daba penumbra a la puerta del hotel, parec√≠a una car√°tula all√≠ plantada para llamar la atenci√≥n, por el due√Īo del hotel, un texano de aire socarr√≥n y palabra c√°ustica, que siempre estaba inventando cosas para que los forasteros ?muy escasos por cierto? fijasen su atenci√≥n en el hotel y le hiciesen objeto de su preferencia, en lucha despiadada con el due√Īo del Atlantic City, otro albergue instalado en la misma calle principal, varias barracas m√°s abajo y que si no era mejor que el Cimarr√≥n Hotel tampoco ten√≠a nada que envidiarle a no ser la cazurrer√≠a y car√°cter jocoso de su propietario. El forastero, no queriendo desentonar con los habitantes del poblado, se hab√≠a procurado un atuendo a tono con el vestir general, pero un tuerto hubiese adivinado desde el primer momento que aquel atuendo era un disfraz para ocultar su c√©dula personal, extendida a muchas millas de aquella parte del Oeste. Se compon√≠a su vestuario de una camisa azul con cuadros rojizos, dotada de cuatro bolsillos, dos a los lados y otros dos a la altura de los pectorales, que deb√≠an constituir su suplemento de maleta porque abultaban en fuerza de introducir en ellos objetos adecuados a la cabida, unos pantalones grises muy ajustados de rodilla para abajo, con refuerzos en la entrepierna, construidos con cueros, lo que parec√≠a denunciarle como un apasionado caballista (el caballo del forastero no le hab√≠a visto nadie en el pueblo), unas botas de altos leguis muy lustradas, con espuelas de Chihuahua, un cinto mexicano con la funda del rev√≥lver fl√°cida y vac√≠a por falta de arma y un precioso sombrero gris-perla, muy alto de copa, sabiamente abollado en su parte delantera y atado a la barbilla por una cinta negra que oficiaba de barboquejo; pero en la forma de calarse aquel gen√©rico admin√≠culo se adivinaba que era la primera vez que se lo hab√≠a puesto. Como signo destacado de elegancia y m√°s que de elegancia de pedanter√≠a, calzaba sus manos con dos guantes de manopla que casi le llegaban a los codos, y era de ver los rid√≠culos esfuerzos que ten√≠a que realizar cada vez que pretend√≠a cargar la negra pipa, o encender un f√≥sforo, o acaso sonarse la nariz sin despojarse de aquellos punteados guantes, que de vez en vez contemplaba con cari√Īo, como si ellos le convirtiesen en el √°rbitro de la elegancia de B√ļffalo.


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