El Combate de la tapera
El Combate de la tapera El continuo choque de proyectiles habÃa concluido por desmoronar uno de los tabiques de barro seco, ya débil y vacilante a causa de los ludimientos de hombres y de bestias, abriendo ancha brecha por la que entraban las balas en fuego oblicuo.
La pequeña fuerza no tenÃa más que seis soldados en condiciones de pelea. Los demás habÃan caÃdo uno en pos del otro, o rodado heridos en la zanja del fondo, sin fuerzas ya para el manejo del arma.
Pocos cartuchos quedaban en los saquillos.
El sargento Sanabria empuñando un trabuco, mandó cesar el fuego, ordenando a sus hombres que se echaran de vientre para aprovechar sus últimos tiros cuando el enemigo avanzase.
—Ansà que se quemen ésos —añadió— monte a caballo el que pueda, y a rumbear por el lao de la cuchilla… Pero antes, naide se mueva si no quiere encontrarse con la boca de mi trabuco… ¿Y qué se han hecho las mujeres? No veo a Cata…
—Aquà hay una —contestó una voz enronquecida—. Tiene rompida la cabeza, y ya se ha puesto medio dura…
—Ha de ser Ciriaca.
—Por lo motosa es la mesma, a la fija.
—Cállense! —dijo el sargento.
El enemigo habÃa apagado también sus fuegos, suponiendo una fuga, y avanzaba hacia la "tapera".