Historia natural y moral de las Indias
Historia natural y moral de las Indias Es esta la más importante propiedad que tiene, que con maravilloso afecto se pega al oro, y le busca, y se va él do quiera que le huele. Y no sólo esto, mas así se encarna con él, y lo junta así, que le desnuda y despega de cualesquier otros metales o cuerpos en que está mezclado, por lo cual toman oro los que se quieren preservar del daño del azogue. A hombres que han echado azogue en los oídos para matarlos secretamente, ha sido el remedio meter por el oído una paletilla de oro, con que llaman el azogue, y la sacan blanca, de lo que se ha pegado al oro. En Madrid, yendo a ver las obras notables de Jácomo de Trezo, excelente artífice milanés, labraba para San Lorenzo el Real, sucedió ser en día que doraban unas piezas del retablo, que eran de bronce, lo cual se hace con azogue; y porque el humo del azogue es mortal, me dijeron que se prevenían los oficiales contra este veneno con tomar un doblón de oro desmenuzado, el cual pasado al estómago llamaba allí cualquier azogue que por los oídos, ojos, narices o boca les entrase de aquel humo mortal, y con esto se preservaban del daño del azogue, yéndose todo él al oro que estaba en el estómago, y saliendo después todo por la vía natural: cosa, cierto, digna de admiración, después que el azogue ha limpiado al oro, y purgádole de todos los otros metales y mezclas, también le aparta el fuego a él de su amigo el oro, y así le deja del todo puro sin fuego. Dice Plinio, que con cierta arte apartaban el oro del azogue: no sé yo que ahora se use tal arte.