Historia natural y moral de las Indias
Historia natural y moral de las Indias Su perpetuo ejercicio de los sacerdotes era incensar a los ídolos, lo cual se hacía cuatro veces cada día natural: la primera en amaneciendo; la segunda, al mediodía; la tercera, a puesta del sol; la cuarta, a media noche. A esta hora se levantaban todas las dignidades del templo, y en lugar de campanas tocaban unas bocinas y caracoles grandes, y otros unas flautillas y tañían un gran rato un sonido triste; y después de haber tañido salía el hebdomadario o semanero, vestido de una ropa blanca como dalmática, con su incensario en la mano lleno de brasa, la cual tomaba del brasero o fogón que perpetuamente ardía ante el altar, y en la otra mano una bolsa llena de incienso, del cual echaba en el incensario, y entrando donde estaba el ídolo, incensaba con mucha reverencia. Después tomaba un paño, y con la misma limpiaba el altar y cortinas; y acabado esto, se iban a una pieza juntos, y allí hacían cierto género de penitencia muy rigurosa y cruel, hiriéndose y sacándose sangre en el modo que se dirá, cuando se trate de la penitencia que el diablo enseñó a los suyos estos maitines a media noche jamás faltaban.