Historia natural y moral de las Indias
Historia natural y moral de las Indias En la víspera de esta fiesta venían los señores al templo y traían un vestido nuevo, conforme al del ídolo, el cual le ponían los sacerdotes, quitándole las otras ropas y guardándolas con tanta reverencia, como nosotros tratamos los ornamentos, y aún más. Había en las arcas del ídolo muchos aderezos y atavíos, joyas y otras preseas, y brazaletes de plumas ricas, que no servían de nada sino de estarse allí, todo lo cual adoraban como al mismo Dios. Demás del vestido con que le adoraban este día, le ponían particulares insignias de plumas, brazaletes, quitasoles y otras cosas. Compuesto de esta suerte, quitaban la cortina de la puerta, para que fuesen vistos de todos, y, en abriendo, salía una dignidad de las de aquel templo, vestido de la misma manera que el ídolo, con unas flores en la mano y una flauta pequeña de barro, de un sonido muy agudo, y, vuelto a la parte de oriente, la tocaba, y volviendo al occidente y al norte y sur, hacía lo mismo. Y habiendo tañido hacia las cuatro partes del mundo, denotando que los presentes y ausentes le oían, ponía el dedo en el suelo y, cogiendo tierra con él, la metía en la boca y la comía en señal de adoración, y lo mismo hacían todos los presentes, y llorando, postrábanse, invocando a la escuridad de la noche y al viento, y rogándoles que no los desamparasen, ni los olvidasen, o que les acabasen la vida y diesen fin a tantos trabajos como en ella se padecían.