La ratonera
La ratonera Poco a poco, los huéspedes llegan, desafiando la tormenta. Christopher Wren, excéntrico, nervioso, con ademanes teatrales y una risa descontrolada. Mrs. Boyle, severa, arrogante, crÃtica de todo cuanto observa. El Mayor Metcalf, un hombre de semblante firme y misterioso pasado militar. Miss Casewell, de modales masculinos, voz dura, ojos agudos. Y por último, Mr. Paravicini, extranjero, elegante, cuya llegada no estaba anunciada. Su coche se accidentó —eso dice— y aparece sin reservas, como salido de una novela de misterio.
—¿No es extraño? —susurra Mollie—. Él no estaba en la lista… —Quizá una coincidencia —responde Giles, aunque su mirada dice lo contrario.
La casa se llena de voces, pasos, puertas cerradas. La nieve borra cualquier salida posible. Entonces, una presencia inesperada rompe la rutina: el sargento Trotter, joven, directo, enviado en esquÃs por la policÃa. Su mensaje es claro: hay una conexión entre el crimen en Londres y Monkswell Manor. Y hay un motivo.
—Uno de ustedes —anuncia con voz grave— podrÃa estar vinculado al asesinato de Maureen Lyon.
Un silencio denso cae sobre los presentes. Las miradas se cruzan. La tormenta afuera ruge, pero el verdadero peligro se esconde dentro de esas paredes.
