La ratonera
La ratonera —Hay un vínculo con el caso de los hermanos Corrigan —dice—. Los niños maltratados por Maureen Lyon… Uno murió. El otro pudo ser cualquiera de ustedes.
Mrs. Boyle se indigna, pero su arrogancia empieza a resquebrajarse. —¡Eso es un insulto! Yo no tengo nada que ver con... —se detiene. Demasiado rápido.
Trotter la observa. —¿Está segura, señora Boyle? Porque según mis registros, usted fue una de las magistradas que firmó la orden de custodia.
El silencio se espesa. La mujer palidece.
Las sospechas rebotan por la habitación. Giles Ralston muestra irritación creciente. Wren ríe en momentos inoportunos, descolocando a todos. —Me encantan los misterios —declara—. Especialmente cuando uno es parte del elenco…
Mollie, cada vez más inquieta, se vuelve sobre sí misma. Tiene la sensación de que todos saben algo más de lo que dicen. Especialmente Miss Casewell. —No soy quien parezco —admite la mujer en un aparte con Mollie—. Y tú tampoco deberías fiarte de nadie.
La tensión se quiebra cuando se descubre una radio oculta... suena la canción: “Tres ratones ciegos, tres ratones ciegos…” Una carcajada de Paravicini corta el aire. —Un juego encantador, ¿no les parece? —dice mientras mueve su bastón.
