La ratonera
La ratonera Los huéspedes empiezan a replegarse emocionalmente. La atmósfera se torna irrespirable. Mrs. Boyle critica todo: la comida, la calefacción, las camas. Mayor Metcalf observa en silencio. Miss Casewell fuma con una intensidad que oculta algo. Wren se vuelve más errático. Paravicini… siempre sonriendo.
Mollie, cada vez más nerviosa, comienza a dudar de todos. Incluso de Giles.
—¿Dónde estabas esta mañana? —le lanza, en voz baja. —¿Qué insinúas? —replica él, herido. —No lo sé. Pero algo no cuadra.
Los personajes están en jaque. Sus historias cojean. Detalles no encajan. Hay silencios que se alargan. Mentiras piadosas que no resisten el aislamiento.
El sargento interroga uno por uno. Busca el nexo. El error. Pero cada respuesta plantea nuevas incógnitas. —Todos ustedes tienen algo que ocultar —dice Trotter—. Y lo averiguaré.
Mientras tanto, la tensión se acumula como la nieve en los cristales. Alguien en esa casa no está allà por casualidad. Alguien guarda rencor. Y alguien… ya ha elegido su próxima vÃctima.
Cada rincón de Monkswell Manor parece mirar. Cada sombra es una amenaza latente. El sargento Trotter insiste en desenterrar verdades enterradas, y lo hace con precisión quirúrgica.
