¿Puede pensar una máquina?
¿Puede pensar una máquina? No pretendo con esta réplica silenciar la crÃtica. Probablemente puede deducirse que tales sorpresas se deben a algún acto creativo mental por mi parte, y nada dicen a favor de la máquina. Esto nos obliga a volver al argumento de la conciencia, muy lejos de la idea de sorpresa. Es un tipo de argumentación muy similar, pero quizá valga la pena señalar que la apreciación de algo como sorprendente requiere igual «acto mental creativo», independientemente de que la sorpresa la cause una persona, un libro, una máquina o lo que sea.
La opinión de que las máquinas no pueden producir sorpresa se basa, creo yo, en el sofisma en el que suelen incurrir particularmente filósofos y matemáticos: la asunción de que, cuando a la mente se le presenta un hecho, todas las consecuencias del mismo la invaden con él simultáneamente. Es una asunción muy útil en muchas circunstancias, pero se olvida con harta facilidad de que es falsa. Una consecuencia natural de asumirla como cierta es que se da por sentado que no hay mérito en la simple elucidación de consecuencias a partir de datos y principios generales.