¿Puede pensar una máquina?
¿Puede pensar una máquina? A la máquina no se le podrá aplicar exactamente el mismo proceso de aprendizaje que a un niño. Ya que, por ejemplo, no tendrá piernas y no se le podrá ordenar que vaya a por un cubo de carbón. Seguramente tampoco tendrá ojos. Y por mucho que se compensen estas deficiencias con una buena ingenierÃa, no se podrá enviar a la criatura a la escuela porque serÃa motivo de burla de sus compañeros. Habrá que darle clases particulares, sin preocuparnos por las piernas, los ojos, etc. El caso de Helen Keller demuestra que es posible la labor educativa a condición de que se establezca una comunicación bilateral entre maestro y alumno por el medio que sea.
Normalmente asociamos castigos y recompensas al proceso educativo. Algunas máquinas infantiles simples pueden construirse o programarse ateniéndose a ese principio. Hay que construir la máquina de tal modo que los acontecimientos que preceden brevemente a la aparición de la señal de castigo cuenten con mÃnimas posibilidades de repetición, y que, por el contrario, la señal de recompensa incremente la posibilidad de repetición de secuencias que la motivan. Estas especificaciones no presuponen tipo de sentimiento alguno por parte de la máquina. He realizado algunos experimentos con este tipo de máquina infantil y he logrado enseñarle varias cosas, pero utilicé un método de aprendizaje excesivamente heterodoxo para que el experimento pueda considerarse un éxito.