Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa El Campamento.—Veo a lo lejos una acción.
El mismo dÃa por la noche.
Eran las doce de la mañana, y seguÃa yo esperando el desembarque de mi caballo para salir a recorrer el campo de Ceuta, cuando supe que los moros acababan de atacar el CUERPO DE RESERVA, mandado por el general Prim.
Este aviso, que muchos, familiarizados ya con la guerra, oyeron sin inmutarse, me impresionó a mà tan vivamente, que abandoné caballo, equipaje y almuerzo a merced de la casualidad, y emprendà a pie el camino del Serrallo, deseoso de ver a los marroquÃes y de presenciar una acción.
SalÃ, pues, de Ceuta, atravesando sus inexpugnables fortificaciones, sus anchos fosos —alguno de ellos henchido de agua por el mar— y sus redobladas puertas, acribilladas a balazos por las espingardas moras, y me encontré en el Primer Campamento, ocupado hoy por el PRIMER CUERPO, que se ha bajado a aquel punto a descansar de las rudas fatigas con que inauguró esta campaña[1].