Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa La forma de los pies y el color de botines y pantalones desaparecen bajo la masa de barro que han sacado de las lagunas… ¡Y así emprenden el paso de carga!… ¡Así corren al encuentro del enemigo!

La artillería atraviesa al galope las lagunas.
La artillería, en tanto, cruza los pantanos al trote, con agua hasta los cubos de las ruedas, y ocultándose enteramente entre los borbotones de espuma que saltan a su alrededor… Las mulas bracean en las ondas y en el fango, sin encontrar fondo duro en que apoyar las manos. Pero cruje el látigo de los artilleros; mil gritos de ¡Hala! ¡Hala!, alientan al ganado…, y todas las piezas pasan milagrosamente, sin que haya volcado ni una sola.
Con todo, ¡en un tránsito semejante se han empleado ocho, diez, doce minutos! ¿Qué ha sido durante este tiempo del amenazado batallón de Cantabria?
¡Oh dicha! ¡Oh gloria! ¡El batallón de Cantabria ha formado el cuadro!

Un batallón de Cantabria forma el cuadro y rechaza la caballería enemiga.