Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Comunicado el plan a los que han de ejecutarlo, las cornetas tocan ataque; las trompetas de caballerÃa repiten la tremebunda señal; parten nuestros jinetes por la derecha a galope tendido, y el TERCER CUERPO se lanza al agua sin vacilar un punto. El general en jefe, con su cuartel general, va al frente de la infanterÃa…
Mil vivas, mil voces de «¡Adelante, y a ellos!», resuenan en todas partes. Los soldados caminan cubiertos por el agua hasta la cintura…, pero conservan la formación y avanzan impetuosamente. Alguno cae…, y desaparece bajo los turbios cristales de la laguna; mas, entretanto que consigue levantarse, vese aún sobrenadar su brazo derecho empuñando la carabina…
—¡Cuidado con las armas! —gritan los jefes—. ¡Que no se mojen!
—¡No hay cuidado! —responden los que cayeron, alzándose con el semblante lleno de lodo, pero inflamado y sonriente.
—Ya queda poco… ¡Adelante! —gritan más allá los oficiales.
—Ya queda poco… —repiten los soldados para infundirse ánimos unos a otros.
Y asà llegan a la orilla opuesta. Y, según van llegando, se alinean como en una parada.