Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa DÃa de la Candelaria.—Misa solemne.—Reconocimiento.—Conferencia de los generales, y plan de próxima batalla.
Guad-el-Gelú, 2 de febrero.
El dÃa de ayer (que yo pasé escribiendo la batalla del 31) dedicose al embarque de heridos, al municionamiento de las tropas y a los preparativos de nuestro próximo ataque al campo atrincherado de Tetuán.
Emprenderemos la acometida pasado mañana al amanecer; las órdenes están dadas, y todo dispuesto con la más escrupulosa previsión.
En cuanto al dÃa de hoy, ha sido solemnÃsimo.
Primeramente, esta mañana oyó misa todo el ejército. El ser dÃa de la Purificación motivó realmente la santa ceremonia; pero el hecho de encontrarnos abocados a una grande y decisiva batalla; la evidente proximidad de nuestra entrada en una ciudad infiel, y el temor, que no podÃamos menos de abrigar todos y cada uno, sobre si aquella misa serÃa la última que oyésemos antes de comparecer en la Eternidad, han dado al acto religioso de hoy no sé qué grandiosidad austera y melancólica, que no podÃa menos de contrastar con el humilde aparato y militar desaliño del templo, del altar, del sacerdote y de los fieles.