Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa —Adiós, y sea lo que Dios quiera…
Este murmullo de tiernos y alegres adioses se aleja poco a poco, apagándose con el rumor de los sables y de las espuelas…
Ya no se oye en todo el campamento más ruido que la palpitación eterna del vecino mar, el canto de las insomnes ranas, y el ¿Quién vive? de algunos centinelas.
Yo me despido también de vosotros, como acabo de hacerlo de mi familia, prometo escribiros mañana a la noche si no me lo estorba algún accidente, además del cansancio de la batalla; y apago la luz, murmurando en lo Ãntimo de mi corazón la última frase que resonó hace poco detrás de esa pared de lienzo: «¡Sea lo que Dios quiera!».
FIN DEL TOMO PRIMERO