Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Actitud del pueblo vencido y del ejército vencedor.—El palacio de Erzini.—La Mezquita Grande.
El mismo dÃa.
Item, mando que no alquilen
plañideras que me lloren:
bastan las de mi Jimena,
sin que otras lagrimas compren.
(Romancero del Cid).
Estoy en el palacio de Erzini; pero antes de deciros quién es Erzini y de describiros su palacio, voy a apuntar algunas de las cosas que más han llamado hoy mi atención al venir desde la alborotada juderÃa a este sosegado barrio moro.
Primeramente, cerca de la casa de Abraham encontreme una multitud de soldados nuestros a la puerta de otra casa hebrea, donde sonaban descompasados gritos de hombres y mujeres.
—Chicos, ¿qué es eso? —pregunté a los soldados, procurando hacerme lugar para ver lo que pasaba.
—¡Calle usted, hombre! —me respondió un granadero andaluz—. ¡Si es la cosa más particular que ha visto uno! ¿Oye usted ese jaleo y esas voces? ¡Pues es un duelo, o funeral, por un tal Saúl que anteayer mataron los moros!
—¡Mucho lo sienten, según veo!…