Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Pero ya sabéis que éstos vuelven tan fácilmente como huyen… Quiero decir, que no tardaron en aparecer de nuevo por todas partes… Decidió, pues, O'Donnell terminar de una vez tan complicada acción, y para ello expidió una de aquellas órdenes inesperadas y decisivas que lo acreditan de gran caudillo, y en las que, aprovechando la posición transitoria de todas sus fuerzas, combina sus movimientos y acaba de un golpe los más enmarañados combates.
Esta orden fue la siguiente:
Al general Orozco le mandó que, con dos batallones de su división, reforzase la izquierda y la asegurase contra toda acometida por aquel lado; al general Ríos, que, con cuatro batallones de la reserva, tomase las elevadísimas cumbres de Sierra Bermeja, donde ya el general Echagüe había establecido un batallón; al conde de Reus, que, con cuatro batallones y con dos escuadrones de coraceros, atacase y tomase las posiciones del frente; al general Mackenna, que estuviese dispuesto con cuatro batallones de la reserva y con la caballería, mandada por el general Galiano, para descender a la llanura donde se hallaba la caballería marroquí; y, por último, al general García, jefe de estado mayor general, que hiciese tomar las alturas de Samsa a las fuerzas que diré más adelante.
Tan sabia y audaz operación se cumplió rápida y simultáneamente.