Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Alarma.—Otra acción.—Carga a la bayoneta.—La vuelta al Campamento.
17 de diciembre, por la mañana.
Anoche, a poco de dormirme, me despertaron algunos tiros. Salté de la cama, y partà en busca del general Ros.
Terrible agitación reinaba en el Campamento. Los soldados salÃan de debajo de sus tiendas, arrastrándose silenciosamente. Los oficiales corrÃan en todas direcciones, encargando que no se disparara ni un solo tiro, a fin de que nuestros soldados no se fusilasen unos a otros. La obscuridad era densÃsima.
—¿Qué sucede? —pregunté al primero que pasó cerca de mÃ.
—¡Ya no es nada! —respondió—. Los moros han intentado sorprender nuestro campo por dos partes a un mismo tiempo: por el nacimiento del agua y por el mar; pero nuestros escuchas les han hecho fuego, y los muy perros han huido…

Soldados de escucha (De un croquis).
Un cuarto de hora después salió la luna. Practicose un escrupuloso reconocimiento en nuestras avanzadas: no se encontró a nadie, y todas las tropas que no estaban de servicio volvieron a sus tiendas.