El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Yo soy la Muerte, amigo mÃo. Yo soy la Muerte, y Dios es quien me envÃa… ¡Dios, que te tiene reservado un glorioso lugar en el cielo! Cinco veces he causado tu desventura, y yo, la deidad implacable, te he tenido compasión. Cuando Dios me ordenó esta noche llevar ante su tribunal tu alma impÃa, le rogué que me confiase tu existencia y me dejase vivir a tu lado algún tiempo, ofreciéndole entregarle al cabo tu espÃritu limpio de culpas y digno de su gloria. El Cielo no ha sido sordo a mi súplica. ¡Tú eres, pues, el primer mortal a quien me he acercado sin que su cuerpo se torne frÃa ceniza! ¡Tú eres mi único amigo! Oye ahora, y aprende el camino de tu dicha y de tu salvación eterna.
Al llegar aquà la Muerte, Gil Gil murmuró una palabra casi ininteligible.
—Te he comprendido… —replicó la Muerte—. Me hablas de Elena de Monteclaro.
—¡SÃ! —respondió el joven.