El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¡Se trata de Elena, majadero! —exclamó la Muerte.
—¡Cómo!
—Digo que se trata de que seas noble y puedas casarte con ella.
—¡Noble lo soy ya!… El rey Felipe V me hace duque.
—Monteclaro no se contentará con un advenedizo… Necesitas ascendientes.
—¿Y qué?
—Ya te tengo dicho que eres el último vástago de los Rionuevo.
—¡SÃ!…, pero… adulterino.
—¡Te equivocas! ¡Natural… y muy natural!
—Sea…, pero ¿quién prueba eso?
—Es precisamente lo que voy a decirte.
—Habla.
—Oye, y no me interrumpas. La condesa es la tremenda esfinge de tu vida…
—Ya lo sé…
—¡Ella tiene en su mano toda tu felicidad!
—¡Lo sé también!
—Pues ha llegado la ocasión de arrancársela.
—¿De qué manera?
—Verás. Como tu padre te amaba tanto…
—¡Ah! ¿Me amaba mucho? —exclamó Gil Gil.