El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¿Sabes que vas faltándome al respeto? —exclamó la Muerte con mucha sorna.
—Es natural… —respondió Gil—. La confianza…, la complicidad…
—¿Qué es eso de complicidad?
—Nada… Aludo a una pintura que vi cuando niño. Representaba a la Medicina. En una cama yacÃan dos personas, o por mejor decir, un hombre y su enfermedad. El médico habÃa entrado en la habitación con los ojos vendados y armado de un garrote, y una vez cerca de la cama habÃa empezado a dar palos de ciego sobre el enfermo y sobre la enfermedad… No recuerdo precisamente quién fue antes vÃctima de los golpes… Creo que fue el enfermo.
—¡Donosa alegorÃa! Pero vamos a cuentas…
—SÃ…, vamos…, que todos se extrañan de verme asÃ, tan solo, parado en medio de la cámara.
—¡Déjalos! Creerán que meditas o que aguardas la inspiración. Óyeme un momento. Tú sabes que lo pasado me pertenece de derecho, y que puedo referÃrtelo… No asà lo por venir…
—¡Adelante!
—¡Un poco de paciencia! Vas a hablar por última vez con la condesa de Rionuevo, y es de mi deber contarte cierta historia.
—Es inútil. Yo perdono a esa mujer.