El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¿Qué ocurre? —preguntó Gil Gil.
—La condesa de Rionuevo se muere… —dijo don Miguel de Guerra—. ¡Venid! Por aquÃ… Ya estará en la cámara de la Reina…
—Id, capitán… —murmuró Gil Gil—. Yo os lo digo.
Y apoyó estas palabras con una mirada y un gesto tales que el soldado partió sin replicar palabra.
Gil siguió a Guerra y penetró en la cámara de la esposa de Luis I.
Revelaciones
—¡Oye! —dijo una voz a Gil Gil cuando caminaba hacia el lecho en que yacÃa la condesa de Rionuevo.
—¡Ah! ¿Eres tú? —exclamó nuestro joven, reconociendo a la Muerte—. ¿Ha expirado ya?
—¿Quién?
—La condesa…
—No.
—Pues, ¿cómo la abandonas?
—No la he abandonado, amigo mÃo, sino que, como ya te he dicho, yo estoy a un mismo tiempo en todas partes y bajo diversas formas.
—Bien…; ¿qué me quieres? —preguntó Gil con cierto disgusto al oÃr aquella sentencia.
—Vengo a hacerte otro favor.
—¡Asà será él! Habla.